Contar con las manos

Algo cambió con la aparición del cine sonoro. Los cambios técnicos siempre propician nuevas formas de hacer y de entender el mundo, y también ocurre esto cuando hablamos de Arte. No existen las rupturas absolutas, por supuesto, siempre hay continuidades. Con la estandarización del sonido óptico no todo se transformó de la noche a la mañana, los equipos técnicos y artísticos seguían siendo los mismos. Pero sí parece claro que la década de los veinte supone la culminación de un proceso de investigación formal abierto con el propio nacimiento del cine. Pocas veces en la corta historia del audiovisual podemos hablar de tal diversidad de planteamientos y de tal grado de éxito alcanzado en todas estas formas diferentes.

El título no engaña, nos encontramos ante una película de espías. Bastante convencional, en el fondo, caracterizada por la simpleza habitual de Thea von Harbou, autora de la historia. Spione es la película posterior a Metrópolis, así que no se encuentra la complejidad estructural y moral habitual en el director alemán. Es evidente que repite algunos motivos del primer Mabuse (Dr. Mabuse, der Spieler, Fritz Lang, 1922) y anticipa algunos de M, el vampiro de Düsseldorf (M, Fritz Lang, 1931), pero sin la ambigüedad —formal, conceptual— que caracteriza estas dos obras.

Forma parte, antes bien, de la tradición del serial —heredera asimismo del folletín decimonónico—, en la más pura línea Feuillade, autor que fijó el género en obras como Los vampiros (Les vampires, 1915) o Judex (1916).  La historia inverosímil, con múltiples giros de guión inesperados y en ocasiones absurdos, una historia de amor encajada a la fuerza, un supervillano al frente de una organización que quiere dominar el mundo. Antecedente de los actuales culebrones o de las series de culto, en cualquier caso.

En realidad, Spione es una película narrada con las manos, y todo conduce a ellas. Si Hitchcock hizo Frenesí (Frenzy, Alfred Hitchcock, 1972) por las patatas, parece claro que el interés de Lang pasa por explicar una historia de espías con manos. De manera significativa, el primer plano es un detalle de unas manos enguantadas abriendo una caja fuerte. A partir de aquí podríamos seguir el filme a través de los múltiples planos detalle de manos, o a través de las manos de los actores. Todo está expuesto en ellas: el amor, la rabia, la frustración, la codicia. Está claro que las indicaciones de dirección de actores de Lang quieren resaltar esto por encima de todo. Algunos actores incluso resultan ridículos en algunos momentos, si nos fijamos en sus rostros; pero no si seguimos sus manos. Como buen maestro, anticipa la idea godardiana de que el cine se hace con las manos.