Hace más de tres años, mi colega y ahora compañero Roberto Alcover Oti, me propuso escribir una serie de textos sobre la Nueva comedia americana para un especial que andaba preparando para Miradas de cine. Aquella colaboración se reduciría por querencias propias a un estudio sobre la carrera de Christopher Guest y a un artículo sobre Jody Hill,un director del que acababa de descubrir su primera película, y su The Foot Fist Way (Jody Hill, 2006), y que me parecía absolutamente imprescindible para comprender las nuevas derivas del género. Aquellos textos, a pesar de estar casi terminados, nunca llegaron a ser entregados. La excusa real y auténtica fue un cambio de trabajo que descolocó mis horarios anteriores y que me dejaba apenas tiempo libre. Seguramente y de manera inconsciente detrás de aquel parapeto oficial, se escondía cierto hartazgo crítico después de años de haber ejercido la profesión y haber conocido el otro lado del espejo, donde la morsa y el carpintero eran más realidad que cuento infantil. Sin quererlo reconocer y de manera egosita, no me apetecía que una serie de críticos divagasen sobre las formas de la comedia, sólo porque alguien acababa de decidir que aquel no era un género marginal y que convenía rescatarlo de la basura colectiva y dotarle un nuevo traje reluciente con unas bonitas siglas de neón.

Varios años después, Jody Hill es alguien más nombrado que asimilado, Christopher Guest se encuentra retirado de la dirección, y se sigue teniendo el mal gusto de inventar otra etiqueta más sobre la comedia actual y yo estoy escribiendo un artículo sobre algo que nunca se llegó a publicar. Sin embargo, algo no ha cambiado, Miradas de cine continúa al pie del cañón y es un pie de página imprescindible para comprender la actualidad de la crítica cinematográfica. Como el propio Guest, han comprendido que se puede y se debe defender una independencia e identidad propias tanto sea a la hora de narrar los premontajes de una obra local, El experto (Waiting for Guffman, Christopher Guest, 1996) como de los pluscuampatéticos intentos de una producción de rancio abolengo judío por conseguir varias nominaciones a los Oscar en Nominados (For Your Consideration, Christopher Guest, 2006).

Diez años de Miradas, que también se corresponden con los diez años de separación que corren entre el primer mockumentary dirigido por Guest y su último intento como realizador. Diez años donde ambos han cosechado cierta sensación de extrañeza ajena, de incapacidad de catalogación, de crear una familia de rostros reconocibles para la industria, a pesar de que algunos hayan acabado carreras cuanto menos discutibles; diez años de cierta ignominia y falta de reconocimiento para el precursor, para el pionero, para el primero que fue capaz de allanar el terreno para los demás. Debería ser imposible comprender el humor actual sin tener en cuenta la relevancia que la figura de Christopher Guest ha podido tener en cómicos y creadores actuales como Ricky Gervais o más recientemente Louis C.K, en su salto a la ficción. Mismo patrón que debería ajustarse a una publicación que durante una década ha dado voz desde los subterfugios a una generación que anhelaba por expresarse y cambiar los panoramas críticos y cinematográficos preestablecidos. Si el creador de The Office (2001-2003) decidió reconocer y homenajear a Guest en su debut como realizador Increíble pero falso (The Invention of Lying, Ricky Gervais, Matthew Robinson) como único narrador audiovisual posible dentro de un posible imaginario ficticio, el cada vez más individualista mundo crítico, sumergido en su particular zulo de ensimismamiento y opacidad, en amistades y afinidades 2.0 y en retwitteos virtuales y otros que no lo son tanto, ha acabado negando el valor de una publicación que es capaz de combinar todos los meses voces tan distintas como las de Diego Salgado o Pablo Vázquez y mezclarlas con estudios sobre cineastas consolidados como el último realizado sobre Bela Tarr o con casos tan a contracorriente como el especial dedicado a la saga de terror Saw. La necesidad de colgar medallas al que las merece no es un ejemplo de corporativismo o amigocracia, sino la justa reivindicación de aquel que ha tenido una carrera digna de reconocimiento. Es una década escapando de caducas modas críticas, erigiéndose como portavoces del inconformismo cinematográfico y sabiendo adaptarse a los tiempos que corren.

Para mí, que soy el último mono en incorporarme a la redacción y hasta el último clavo terminal en el ataúd para los agoreros, Miradas de cine se ha convertido en el macguffin berlaguiano que siempre se repite en las películas de Guest. Ese elemento sobre el que giran todas sus películas, ese crítico que nunca llegó a sentarse en su silla reservada, esa nominación al Oscar, ese premio en un concurso de perros y sobretodo ese beso al final del arco iris de Mitch & Mickey. Ese elemento, aparentemente intrascendente, que sin embargo acaba dando sentido a los personajes que pueblan la filmografía del director. Un elemento, que en mi caso, me ha hecho volver a sentir la pasión por intentar volver a cazar leones en el Adirondacks.