—¿Cómo nace la idea de plantear un giallo clásico como Buenas noches, dijo la señorita Pájaro?

—La idea surge de querer hacer una película que a mí me gustara ver. No pretendía reinventar el género ni nada por el estilo, tan sólo hacer mi propio giallo, porque soy fan a muerte… Y como fan, me da mucha rabia ver un thriller en el que adivinas quién es el malo antes de tiempo. Ése fue el único desafío que me puse: hacer un giallo en el que fuera imposible adivinar quién es el asesino.

—¿Qué referencias tomaste a la hora de desarrollar el proyecto, tanto a nivel de guión como de puesta en escena?

—Las referencias eran muy claras: Argento, Fulci y De Palma (ya que considero que las pelis hitchcockianas de este último son muy giallescas). Pero tampoco era algo premeditado: ahora voy a coger esto de aquí o eso de allá… No. Sencillamente es que he visto sus películas desde que era canijo y las tengo recontraasimiladas. Toda mi cultura narrativa y visual se la debo a lo que alquilaban mis padres en el videoclub.

—¿De qué manera trazaste el arco argumental? ¿Tenías claro cómo iba a terminar la película, o la historia fue cambiando a medida que escribías?

—Tenía bastante claro como iba a terminar la historia, los múltiples giros y esas cosas. Pero el desarrollo fue cambiando con el tiempo y las reescrituras, que fueron un montón, ya que la primera versión del guión la escribí hace más de diez años… Entonces era un cortometraje titulado El cuervo de las plumas blancas. Evidentemente, con esa duración, la historia no funcionaba. Las piezas fueron encajando a lo largo de los años.

—En esta ocasión, has escrito el guión en solitario. ¿Has echado de menos tener el apoyo de un segundo guionista?

—Sí y no… La verdad es que no me considero un buen guionista (casi ni guionista a secas), y me cuesta mucho trabajo organizar las ideas y ponerlas sobre el papel, ya que me vienen las cosas a la cabeza como imágenes. Pero, como tardé tanto en escribir el guión y realmente Juanjo Ramírez, mi guionista habitual, estaba siempre ahí para aconsejarme, lo cierto es que no me sentí demasiado desamparado.

—¿Con qué condiciones de rodaje contásteis?

—Fueron infernales, porque no teníamos un presupuesto real, sino que íbamos gastando lo que buenamente teníamos a mano tanto Jaime Adalin, el coproductor de la película, como yo… Al final echamos cuentas, y entre los dos nos gastamos entre 2.500 y 3.000 euros. El rodaje duro unos 20 días, pero, como filmábamos los fines de semana, ya que de lunes a viernes trabajábamos para poder tener dinero que gastar en la película,  tardamos algo más de dos meses en terminarla.

Teníamos un equipo técnico muy reducido, pero muy entregado, de apenas 6 o 7 personas… Una gente maravillosa que no me falló ningún día. Y organizamos el plan de rodaje para que, salvo Ángela Boj, que sale en casi todas las escenas y tuvo que venir prácticamente todos los días, los actores se fueran alternando, y así no hubiera demasiados problemas de agenda. Así que la verdad es que, dentro de lo infernal que fue todo, resultó un rodaje muy agradable. El hecho de que pudiéramos sacar adelante el filme en ese tiempo y con ese dinero es mérito únicamente de la dedicación del equipo, que parecía creer en el proyecto casi más que yo mismo.

Bueno, y también de echarle muchísimo morro a la cosa: véase como ejemplo la forma en la que grabamos la escena del aeropuerto… Con la cámara escondida debajo de un abrigo, mientras deambulábamos por Barajas.

—¿Qué cámara utilizaste para filmar? ¿Qué te pareció el rendimiento que te ofreció?

Rodamos con dos Canon EOS 550D, con unos antiguos objetivos Pentax que tenía por casa, y que adapté a las cámaras. Y la verdad es que quedé encantado con cómo pudimos trabajar: al ser objetivos muy luminosos (uno de ellos tiene una apertura 1.7), nos permitían trabajar cómodamente en condiciones de luz realmente paupérrimas… Muchas escenas se rodaron con las farolas de la calle y una linterna.

—¿Qué fue lo que más te pesó de no haber contado con más presupuesto?

Tener que correr tanto. Eso me impidió trabajar más con los actores, lo que considero que es mi asignatura pendiente como director. La verdad es que me organicé bastante bien a nivel técnico, y casi siempre rodé todo lo que necesitaba en el poquito tiempo con el que contaba, aunque a veces se podrían haber hecho mejor las cosas. Pero siempre me quedó la sensación de que las prisas me obligaban a abandonar un poco a los actores en el rodaje, así que intenté trabajar con ellos de forma muy intensa durante la preproducción, con ensayos y demás… Pero nunca me pareció lo suficiente. Creo que tengo que mejorar en ese campo.

—¿Cómo se realizó el casting de actores? Supongo que desde el principio tuviste claro que querías repetir con Maya Reyes, la protagonista de

Maya estaba en el reparto desde el segundo uno, sí. El personaje se escribió pensando en ella. Y es que siempre, siempre quiero trabajar a su lado. Además, quería darle un personaje que supusiera un cambio respecto a , así que tiene el papel más luminoso y más positivo de toda la película.

La protagonista de la película, Ángela Boj, con la que yo había trabajado en Hienas, de Norberto Ramos del Val, siempre me ha parecido una actriz fabulosa, así que me moría de ganas de trabajar con ella. Es una de las actrices más generosas que conozco… a todos los niveles. Siempre ayudando, siempre sonriendo. Un placer absoluto. También gracias a Norberto entraron en el filme Irene Rubio, Silma López y Alba Messa, que protagonizaron El último fin de semana: yo había coincidido con Irene y Silma en otros trabajos, y tenía muy claro que quería volver a trabajar con ellas, pero a Alba no la conocía personalmente, solo a través de Facebook. Me apetecía mucho que saliera en la película, ya que me encantaba su trabajo con Norberto, pero me daba palo atacarla porque en ese momento estaba liadísima con La Ópera de los Tres Reales y creía que me iba a decir que no… Pero fue ella la que me mandó un mensaje amenazándome de muerte si no le daba un papel. Y claro, eso disipó cualquier duda que tuviera al respecto.

Javier Iribarren también apareció a través de Facebook… Y es una de las mejores cosas que me han pasado en la vida. ¡Qué tipo tan fantástico! Y en la película está genial. Con Jesús Teyssiere, Null García y Chema Coloma ya había trabajado antes, pero me apetecía repetir… Y además darles papeles muy distintos a los que ya les había dado. Itziar Lazkano y Ramón Merlo, veteranos de Vaya semanita, llegaron al proyecto gracias a Juanjo Ramírez, que trabajó durante muchos años en ese programa como guionista, y los conocía bastante bien. Dos profesionales como la copa de un pino.

Y también están Sergio Celebrovsky y Cristina Soria, que habían actuado con Maya en la serie Oído caníbal, de David Navarro, y que me enamoraron desde que los vi…. Y Sergio trajo al proyecto a Lucía Caraballo, que a pesar de tener solo 12 años, es mil veces más profesional que yo. Como ves, los actores fueron llegando al proyecto desde distintos sitios… Y todos fueron la primera opción. La verdad es que estoy enamorado de todo el reparto. Y que me perdonen los que no he mencionado… A ellos también los quiero.

—La película tiene algunos efectos físicos muy destacables. ¿Quién se encargó de ellos?

Por un lado estaba el equipo de maquillaje que dirigía Laura Velilla Ayuso. Eran varias personas que se iban turnando durante el rodaje para que siempre hubiera alguien disponible para poner sangre aquí y allá. Hicieron un trabajo fantástico, teniendo en cuenta que no había tiempo para casi nada. Por el otro, estaban Daniel Martínez Muñoz y Santi Gijón, que se encargaron de hacer réplicas de cuchillos y hachas, para que no matáramos a nadie de verdad, así como de hacer los moldes de la mano que aparece en la escena de la sierra. Y por último estaba yo mismo, que modelé la caja de música y los cadáveres del sótano… Aunque los pintó Dani, así que gran parte de mérito es suyo.

—¿Cuál consideras que fue la principal dificultad del proceso de posproducción?

Poner orden a todo el caos del rodaje. Pero tampoco fue un proceso demasiado pesado. Por ejemplo, Jorge Garrigós, el técnico de sonido, facilitó mucho el trabajo, ya que, gracias a su profesionalidad, el audio salió perfecto y casi no hubo que trabajar en él. Y luego estaba Matías Nadal, el compositor, que también trabajó muy bien y muy deprisa. Además, al asumir yo mismo la labor de edición, no tenía que andar yendo y viniendo a ver cómo iban las cosas. En realidad, todo fue bastante rápido y cómodo. La posproducción es mi parte favorita del proceso… De hecho, más que director, me considero un montador que dirige.

—¿Qué acogida ha tenido Buenas noches, dijo la señorita Pájaro en festivales? ¿Te planteas una edición en DVD/Blu-ray?

Estoy muy contento de cómo está funcionando la película. Hemos estado en Sitges, en la Semana de Cine Fantástico de la Costa del Sol, en el Buenos Aires Rojo Sangre, en el Cryptshow, en el Zinema Zombie Fest de Bogotá, en el Catacumba de Valencia… Y siempre con muy buenas críticas y reacciones cálidas de la gente. Porque, aunque la película nace con la intención de hacer algo que me gustara a mí, no puedo más que estar orgulloso si le llega a alguien más.

Y sí, estamos preparando una edición en DVD/Blu-ray.

— ¿Cómo valoras la actual eclosión del cine low cost en España? ¿Te parece que se está gestando una nueva forma de concebir el cine en nuestro país?

Más que parecérmelo, deseo con toda mi alma que realmente se abran nuevos caminos para la producción en este país… Aunque me acojona que acabe quedándose solo en una moda y que, una vez que la mayoría se canse, nos volvamos a quedar solos los de siempre: gente como Carlos Atanes, Norberto Ramos del Val o yo mismo, que llevamos años luchando por sacar nuestros proyectos adelante al margen de todo, con lo que tenemos a mano.

 —¿Qué nos puedes contar de tu nuevo proyecto, El otro lado?

Será un homenaje al cine de terror sobrenatural italiano de los primeros 80, principalmente a la trilogía de las puertas del Infierno de Lucio Fulci. Nuestra intención es darle una vuelta de tuerca a esas película, partiendo del respeto y la admiración más profundas, pero con el firme propósito de ir “más allá que El Más Allá”, elaborado una trama más compleja y desarrollado personajes con más volumen, más conflicto, más arco evolutivo… E incluyendo secuencias más violentas y retorcidas que las de Fulci, aunque igual de poéticas.

La película está escrita con Juanjo Ramírez Mascaró,  y estará protagonizada por Alba Messa, Ruxandra Oancea, Cristina Soria, Manuel Domínguez, Javier Lago, Rafa Casette, Cova de Alfonso, Víctor Alcázar, Chema Coloma, Null García y Rubén Trujillo. Se trata de un proyecto bastante ambicioso… Al menos para mis estándares habituales. A ver si podemos sacarla adelante.