En la muerte de Ballard

1Tuve la ocasión de estar ante J.G.Ballard en una ocasión. Fue durante la presentación de Bienvenidos a Metro-Center (Kingdom Come, 2006), su último libro de ficción, en una librería de Londres. Ballard hablaba sobre su novela y su obra en general dando ya signos de cansancio, de vejez, aunque por otro lado irradiaba una juventud que quizá fuera producto de tener ante sí un nuevo libro. Llamaba la atención escucharle hablar sobre la sociedad actual así como sobre la evolución de la misma desde los años sesenta, que fue cuando Ballard comenzó su obra literaria, porque al hacerlo tenía la impresión de estar ante alguien que veía lo mismo que los demás pero que era capaz de ir más lejos, de escarbar en la superficie de la cosas para encontrar lo que reside en su interior. Sin duda alguna, Ballard fue tan buen analítico de la complejidad del llamado mucho contemporáneo como observador del mismo. Tras escucharle sucedía algo similar a lo que sucede cuando se ha terminado de leer una de sus novelas, uno de sus cuentos o uno de sus ensayos, que todo es diferente. Cambia el modo de mirar al mundo, a aquello que nos rodea. La realidad transmuta sin dejar de ser la que es. Tan sólo cambia la manera de verla.

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2J.G.Ballard comenzó su andadura literaria a finales de la década de 1950 dentro de la corriente literaria denominada New Thing, nacida en las páginas de la revista británica New Worlds de Michael Moorcock. El movimiento, que duró hasta la década de 1970, tuvo en sus filas británicas a, entre otros, a Brian W. Aldiss y John Brunner además de a Ballard, quien sin duda alguna fue el que más proyección disfrutó y quien más lejos supo llegar en sus planteamientos. Todos ellos renovaron la ciencia ficción literaria, o, como poco, supieron abrirle otros caminos. Sin embargo, resulta reductor encuadrar o etiquetar a Ballard dentro de una corriente, a no ser por simple gusto o rigor historicista. Su obra va más allá de grupos, tan personal es su obra y su estilo. Ya con sus primeras novelas, El viento de la nada (The Wind from Nowhere, 1961) y El mundo sumergido (The Drowned World, 1962), creó un mundo desolado por el deshielo de los casquetes polares, tema aún recurrente aunque no tanto por entonces. A ella le siguieron La sequia (The Burning World, 1964 / The Drought, 1965), en la que los problemas medio ambientales siguen teniendo gran presencia y El mundo de cristal (The Crystal World, 1966), desarrollada en una región africana que va cristalizándose. En apenas cuatro años tres novelas rompedoras que situaron a Ballard como un gran creador y en las que fueron tejiéndose ya gran parte de las obsesiones que irá desplegando a lo largo de su carrera y que también están presentes en los varios libros de cuentos que publicó durante la década de 1960, como Las voces del tiempo (The Voices of Time and Other Stories, 1962), Playa terminal (The Terminal Beach, 1964) o Zona de catástrofe (The Disaster Area, 1967)

3Si en sus primeras novelas y cuentos dejaba claro que se trataba de un escritor comprometido con la realidad y preocupado por temas concernientes a la evolución de la sociedad, extremándolo todo con un toque o visión apocalíptica, en 1970 logra llamar la atención definitivamente con La exhibición de atrocidades (The Atrocity Exhibition), obra de culto, obra genial, adherida al llamado cyberpunk y en la que Ballard despliega a través de un conjunto de relatos o novelas cortas un estilo experimental y un torbellino fabulador e imaginativo que abría su carrera hacia otros lugares. La violencia sin límites y sus diferentes formas, la automatización de la sociedad, los medios de comunicación y su influencia, el terror nuclear… temas motrices de lo que serán sus siguientes novelas surgen en historias tan diversas en sí mismas como partes de un conjunto que, a día de hoy, se presenta tan moderno como lo era entonces. Poco conocida, en el año 2000 Jonathan Weiss realiza The Atrocity Exhibition, extraña pero estimulante película que intenta traducir en imágenes el casi inadaptable libro de Ballard.

No es de extrañar que, tras La exhibición de las atrocidades, en 1973, publicara su novela más controvertida, Crash (ídem). Desarrollada en un Londres desdibujado pero sin perder su personalidad, los personajes de Crash se mueven entre coches y camas bajo el aliento de un deseo sexual enfermizo. Los coches, la cultura popular, la relación del hombre y la máquina, la sexualidad como un lugar de refugio, surgen con como temas en una novela de estilo, directo, cortante, a veces hiriente. Si bien es cierto que en la narrativa inicial de Ballard —y casi hasta mediada la década de 1980— siempre tuvo más presencia el tema que la trama que los sustenta, también lo es que en Crash no sucede, de ahí que sea su novela más celebrada, porque todo funciona con la misma perfección que las máquinas de su novela. Novela devastadora, Ballard logra en Crash que su visión apocalíptica no se detenga en los paisajes creados y vaya más allá, adentrándose en las personas. Como es sabido, David Cronenberg adaptó la controvertida novela en el año 1996, recuperando la polémica suscitada en el momento de su publicación sobre la censura y la pornografía, sobre los límites de ambos. Que Cronenberg acabara adaptando a Ballard resultaba tan lógico como que acabara acercándose a Burroughs.

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4Desde la publicación de Crash hasta 1984, otro año clave en su obra, Ballard publicó las novelas La isla de cemento (The Concrete Island, 1974), Rascacielos (High Rise, 1975), Compañía de sueños ilimitada (The Unlimited Dream Company, 1979) y Hola, América (Hello America, 1981) y las colecciones de cuentos Chrnopolis (Chronopolis and Other Stories, 1971), Varmilion Sands (ídem, 1971) y Aparato de vuelo rasante (Low-Flying Aircraft and Other Stories, 1976), en las que sigue desplegando sus obsesiones sobre la degeneración del hombre moderno, el consumismo y la locura que produce, así como temas tan recurrentes en su carrera como la sexualidad, la locura y la visión de un mundo apocalíptico dentro de las estructuras y formas conocidas, mostrando en cada historia su capacidad para crear mundos y atmósferas absorbentes y asfixiantes, para hacer de la ciencia ficción un vehículo crítico con la realidad colindante.

Durante esos años, Ballard se hizo con un público de cierta amplitud pero nada comparado con aquel que logrará en 1984 cuando publique El imperio del sol (Empire of the Sun), su primera novela de corte autobiográfico en la que relata su experiencia durante la Segunda Guerra Mundial en un Shanghái —en donde había nacido— controlado por las fuerzas japonesas. Tres años después, en 1987, Steven Spielberg adaptaría la novela, a tenor de los resultados, seguramente atraído por el tema de la infancia y la necesaria, dadas las circunstancias, maduración. En 1991 editaría El reino de las mujeres (The Kindness of Women) y en 2008, su última obra, Milagros de vida (Miracles of Life), ambas autobiográficas y que, junto a El imperio del sol conforman lo que, junto a algunos textos ensayísticos, podría verse como el legado memorístico de Ballard.

5A partir de 1984, la obra de Ballard parece volverse más violenta aún, más crítica con la vida moderna y con aquello que esconde bajo una superficie limpia. Ballard nunca estuvo demasiado conforme con aquello que subyace bajo el epígrafe de sociedad de bienestar, a pesar de que el mismo perteneciera a una clase burguesa. De ahí surgen El día de la creación (The Day of Creation, 1987) y Furia feroz (Running Wild, 1988), también el conjunto de cuentos Mitos del futuro próximo (Myths of the Near Future, 1982) o Fiebre de guerra (War Fever, 1990).

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Durante la década de 1990, Ballard parece dar un giro en su carrera, no tanto temática pero sí estilísticamente. Sin dejar de ser él mismo, sin renunciar a su idiosincrasia creativa, Ballard pule su estilo y hace que la narración prevalezca sobre el tema. Por otro lado, desde Noches de cocaína (Cocaine Nights, 1996) a Bienvenidos a Metro-Center, sus novelas parecen conformar, más que nunca, un bloque, una work in progress: cada obra, independiente, parece ir más allá de la anterior e ir abriendo el camino a la siguiente. De este modo, Noches de cocaína tiene su lógica continuación en Super-Cannes (2000), mientras que ésta parece extenderse en Millenium People (2003) y Bienvenidos a Metro-Center. En ellas Ballard se adentra, como en Húída del paraíso (Rushing to Paradise, 1994), de lleno en las distopías tan afines en su obra. Nos muestra como el mundo contemporáneo, quizá, no será si no una ilusión, una fantasía en la que vivimos sin apenas darnos cuenta de lo ilusorio de todo. Ballard se dio cuenta, al menos supo ver algo diferente al resto, y eso le convirtió en vida en el escritor de culto que fue. Ahora, tras su muerte, le convertirá para siempre en todo un mito cultural cuya influencia irá —va— más allá de la literatura.