El género de terror siempre ha sido una flor rara en nuestro país, un kamikaze pertinaz dentro de la cinematografía española: siempre a contracorriente, circunspecto, renegando de las características que en otros géneros triunfaban. Demasiado genérico para el cine de autor, demasiado duro para el cine comercial, conoció mejores tiempos apelando a unas características propias, con lazos comunes con otras cinematografías, pero con una tradición negra y abisal fundamentadas en ciertos paradigmas culturales y artísticos de nuestra idiosincrasia. De Bécquer a Pedro Antonio de Alarcón, de Goya a Gutiérrez Solana.  La dictadura y luego Pilar Miró, el público y la crítica, los presupuestos ínfimos y la muerte de los cines de barrio, fueron agrandando la esquela hasta que su espacio fue sustituido por un cine genérico que apostaba más por mimetizarse con el norteamericano más funcional que seguir la oscura senda de Franco, Naschy, De Ossorio o Aured. De este movimiento han salido grandes películas, pero hoy hemos venido a hablar de otras.

La década de oro del cine de terror español (1967-1976) de Javier Pulido analiza la labor de Profilmes, la llamada Hammer española, dentro del género que le dio fama y proyección internacional. 9 años de dentelladas, muertes, sueños, pesadillas, monstruos, héroes y un equipo de entusiastas enamorados de lo que hacían. 9 años donde personalidades tan diferentes como Ricardo Muñoz Suay o José Antonio Pérez Giner fueron tejiendo un corpus de obras imperfectas pero nutritivas, con un valor histórico y político que siempre se ha mantenido oculto pero latente dentro de su celuloide. Y con una importancia capital para entender y comprender una época también terrorífica. Javier Pulido coge el toro por los cuernos y se enfrenta a desentrañar, con éxito, todos los cabos sueltos, todas las aristas y recovecos de unas películas que tienen su sentido en su tiempo (al igual que el tiempo cobra su sentido a veces mediante sus películas). En las más de 200 páginas de este libro, observaremos las similitudes existentes entre la realidad de nuestro país y las historias que se contaban, las simetrías precisas y clarificadoras entre los monstruos que allí aparecían y el poder político que imperaba, el miedo hacia lo que vendría en el futuro (la mal llamada transición), las organizaciones que movían los hilos en las sombras tenebrosas, los miedos atávicos que mantenían cautivos a un pueblo hechizado.

Todo con sugerentes títulos (El espanto surge de la tumba o El Mariscal del infierno), personajes tan carismáticos y lenguaraces como Paul Naschy (atentos a la chicha y a la malicia de casi todas sus declaraciones), directores tan diferentes como el stajanovista argentino León Klimovski o el auteur Miguel Iglesias Bonns, personalidades tan únicas como Carlos Aured o Armando De Ossorio, hombres lobos, brujas malignas, niñas poseídas, asesinos en serie, el yeti, caballeros medievales malditos, Luis Ciges decapitado. Un cocktail que Pulido sabe remover y aderezar con cifras, datos y anécdotas que nos hace situarnos, aprender y aprehender de otro cine, de otras circunstancias, de otra historia.

Pulido escribe mejor que bien, sin florituras ni cuotas freaks, con entusiasmo pero sin forofismos, con una prosa dinámica y sugerente que nos coge de la mano y no nos la suelta hasta el final. Por eso el libro se nos hace corto. Por eso nos gustaría que tuviera el doble de páginas, que dejara que su prosa se entretuviera más en cada resquicio, que con los dedos y las uñas consiguiera hacer que entrara más luz en una época que, entre lo oscuro de su naturaleza y la oscuridad que le han ido arrojando durante el tiempo la miopía y la ignorancia de una crítica hecha a la medida de su sociedad, se nos hace extraña, lejana y distante. Todo lo contrario, es parecida a la de hoy y quizá ha llegado el momento de que tanto talento disperso se reuniera en un nuevo Profilmes. Y que nosotros lo veamos. Y que Javier Pulido escriba sobre él.