Primer libro de la colección Hamsterdam de Macnulti Editores, coordinado por José Francisco Montero. A la venta en la tienda de Macnulti y en librerías especializadas por 16,80 euros.
Textos: Ricardo Adalia · Nicole Brenez · Óscar Brox · Nacho Cagiga · Gonzalo de Lucas · José Francisco Montero · Manuel Ortega · Ignacio Pablo Rico · Diego Salgado
Con prólogo de Isaki Lacuesta e ilustraciones de Lorenzo Roldán
Formato: 14×21, rústica con solapas, cosido
Páginas: 192
ISBN: 978-84-941822-1-1
PVP: 16,80 euros

  • Prólogo
  • I. ¿De qué hablamos cuando hablamos de cine kamikaze?
  • II. La épica de la resistencia
    • Avaricia
    • La edad de oro
    • La fuerza del destino
    • Le silence de la mer
    • La sal de la tierra
    • El color de la granada
    • La hora de los hornos
    • Esto no es una película
  • Intermedio: El cine kamikaze que no llegó a ser
  • III. La épica interior
    • La parada de los monstruos
    • La aventura
    • Ocho y medio
    • Faces
    • La maman et la putain
    • Arrebato
    • Trop tôt trop tard
    • Teniente corrupto
    • Sátántángo
  • IV. El kamikaze que se estrelló contra el cielo: Cine kamikaze en el filo de la navaja
  • V. Antología complementaria: AKA Serial Killer, Roma ciudad abierta, Jeanne Dielman…, La condición humana, Saló o los 120 días de Sodoma, El árbol de la vida, Fitzcarraldo, Sacrificio, Vértigo, La puerta del cielo, Relámpago sobre el agua, L’Atalante
  • Coda
    • Referencias
    • Índices de nombres
    • Índicees de películas

Fragmentos del capítulo ‘¿De qué hablamos cuando hablamos de cine kamikaze?’

kamikaze-cartelAlgunos años después de la realización de Toro salvaje (Raging Bull; 1980), Martin Scorsese definía así la realización de la que ha acabado convirtiéndose en una de las películas más estimulantes de su carrera: «he puesto en esta película todo lo que sabía, todo lo que sentía. Creía que sería el último film de mi carrera. Y eso es lo que yo llamo el cine kamikaze: echar toda la carne al asador, para olvidarlo después todo y encontrar otro modo de vida» (Scorsese por Scorsese. Alba Editorial, Barcelona, 1999, p. 111). Recordemos que Scorsese concibe Toro salvaje en una fase muy avanzada del proceso autodestructivo en que se ha precipitado, y tras el enorme fracaso de su última película, New York, New York (íd.; 1978). De modo que la película es, sobre todo, la búsqueda por parte de Scorsese de esa salvación que tan afanosamente buscan también muchos de sus personajes, entre ellos, desde luego, el Jake La Mota de Toro salvaje, acaso el más misteriosamente kamikaze de los personajes de su autor.

Bien. Estas declaraciones de Scorsese constituyen nuestro somero punto de partida. Pretendemos en este libro expandir esta idea apuntada por el director italoamericano para acuñar el término de cine kamikaze con el objeto de describir un tipo de películas, pero sobre todo una actitud ante la creación cinematográfica; actitud que a su vez conduce a unos determinados rasgos estilísticos, a unas particulares características formales. Partimos, pues, de la creencia en la fertilidad del concepto, que el mismo puede ayudar a pensar desde otra perspectiva el cine, a mirarlo desde un ángulo muy particular, y tal vez en alguna medida novedoso. Todo ello con la esperanza de proponer una reflexión sobre una subterránea, casi invisible, corriente que atraviesa la historia del cine, y por tanto con la de realizar una apuesta para el cine de nuestros días.

En el cine kamikaze nos hallamos (…) ante una doble circunstancia: la existencia de determinadas dificultades externas particularmente intensas, de una realidad especialmente resistente y, simultáneamente, una determinada reacción de los cineastas ante esa realidad. Es decir, nos encontramos a la postre ante películas que estos cineastas han sentido que debían realizar sí o sí, en que se ha puesto, como dice Scorsese, “toda la carne en el asador”, que pretenden arrasar con todas las dificultades, películas que responden ante todo a esa pasión —o esa necesidad ineludible— por rodar.

Su respuesta ante unas circunstancias exteriores asfixiantes, ante la amenaza para sus autores de verse obligados al silencio, o su resistencia a unas circunstancias industriales o meramente  creativas, su desafío a unas muy determinadas maneras narrativas y formales —que, conviene no olvidar, reflejan y sustentan un orden exterior—, respondiendo con una casi inconsciencia  suicida ante los condicionantes comerciales del cine —pues es el hecho, paradójico en apariencia, de que el cine sea mayoritariamente un arte industrial, el que crea las bases en las que pueden  nacer unas obras verdaderamente kamikazes—, con un deseo insobornable de expresión personal, acaban confiriendo a todas ellas —unificadas por un grado de implicación personal desusado— unos rasgos estilísticos, un grado de apasionamiento en las formas y una intensidad en el tono, un carácter extremado, una visceral y lúcida imperfección, que son muy difíciles de hallar en otras películas.

Se trata siempre de un cine hecho desde las entrañas, sin medias tintas. Un cine —esto es innegociable— que se opone a ese cine calculado, prudente, aseado y bien vestido, mortalmente correcto, que del riesgo y la innovación solo ofrece su imagen. Así que comenzar a rodar estas películas es iniciar un viaje sin llevar las amarras, sin vuelta atrás, un salto sin red. Es decir, un cine que se hace mientras se queman las naves, un cine que, de hecho, es la filmación de ese incendio. Al menos, en parte es eso: cada película de las que aquí se tratarán tiene un propósito, quiere filmar algo —y de hecho ese deseo se expresa con particular virulencia—, pero los resplandores del incendio, de la actitud kamikaze con que se han rodado, de una u otra forma se habrían filmado, habrían quedado registrados por la cámara.