El último foco de resistencia cinematográfico

Hace ahora poco más de un mes afirmábamos rotundamente estar de enhorabuena por que por un film de Arnaud Desplechin, Un cuento de Navidad (Un conte de Noël, 2008), se estrenaba entre nosotros. De esta manera, se rompía una estúpida e incomprensible inapetencia e incompetencia (crónica) de las diferentes distribuidoras para traer a nuestras pantallas los trabajos de uno de los realizadores más sugestivos del país vecino. Obviamente, en estos tiempos (expresión que me doy cuenta cada vez utilizo mas a menudo y posiblemente de forma menos justificada) asegurar que con este estreno casi milagroso pueda romperse la maldición Desplechin en España es cuanto menos dudoso; sin embargo, pequeñas (por momentos casi invisibles), pero a estas alturas, significativas y casi heroicas iniciativas por traer a los cines de España un cine más complejo, más difícil se han dado en los últimos meses; sin ir mas lejos podemos recordar otro título de Mathieu Amalric (uno de los protagonistas de la película de Desplechin) La cuestión humana (La question humaine, Nicolas Klotz, 2007) que a priori parecía condenado al ostracismo por la distribucióbn y que gracias a Intermedio en su estreno como distribuidor cinematográfico pudo llegarnos (sí bien lamentablemente a tan sólo unas cuantas capitales). Precisamente, Intermedio, como distribuidora de DVD, se sitúa, por derecho propio, a la cabeza de ese foco de resistencia en que, voluntaria o involuntariamente, el disco digital se ha transformado en los últimos tiempos, a la hora de luchar/subsanar los imperdonables errores de la distribución fílmica más convencional y/o anquilosada. Entrando en su página web la presentación que de su labor hacen no puede ser mas concreta y modélica «Intermedio inicia su actividad editorial en 2005 con el ánimo de presentar en DVD la obra de algunos de los cineastas más significativos de la historia del cine moderno y contemporáneo», hermosas palabras que resumen a la perfección ya cuatro años de brillante y arriesgada labor editorial. Me resulta especialmente significativo encontrar en el breve texto Quiénes somos palabras tan bellas y contundentes como resistencia, convencimiento, Inteligencia y sobre todo una máxima que para mi resulta tan atípica (en una distribuidora de cine doméstico) como relevante a la hora de definirse, «nuestras ediciones son una singular invitación para pensar el cine desde la inteligencia y el amor por las imágenes en movimiento». Pese a que pueda sonar tal vez rimbombante o inclusive absurdo, la existencia de estos románticos altruistas del cinematógrafo se me antoja pareja a la de una suerte de Robin de los bosques que desde su escondrijo en los bosques de Sherwood lucha contra los corruptos poderosos.

En realidad, hace poco mas de cinco años resultaba impensable poder encontrar en las estanterías de cualquier centro comercial las obras de cineastas tan difíciles como Jean-Luc Godard, Theo Angelopoulos o Jiri Menzel; nombres que pese a todo han conseguido de forma mas/menos dolorosa colarse (al menos) en algún momento en nuestras pantallas comerciales; la posibilidad, sin embargo,  de poder visionar films de cineastas tan fundamentales como invisibles en España como Jacques Rivette, Chris Marker o Philippe Garrel  resulta tan sugestiva como casi increible. Hasta la fecha la única forma de poder acceder a la obra de estos autores era a través de Festivales, despistados pases televisivos a horas cuanto menos intempestivas o esa vía tan malentendida y manipulada como es la descarga de películas a través de la red, polémica opción sobre la que no tardaremos en volver en estas líneas.

Las ediciones de Intermedio poco tienen que envidiar de las excelencias de sus colegas francesas o norteamericanas; a cualquiera de los magníficos cofres que han aparecido en los últimos meses no podrían hacerle sombra, por ejemplo, la excepcional edición de Fantomas (Fantômas – À l’ombre de la guillotine. Louis Feuillade, 1913) a cargo de Gaumont o las obras completas de WC Fields de la mano de Universal.  Sería complicado, cuando no imposible, destacar la recuperación/descubrimiento de un cineasta en particular, pero en mi opinión las tres grandes joyas que ahora mismo podemos conseguir gracias a esta distribuidora de Barcelona serían el pack del Groupe Dziga Vertov (indudablemente, la etapa mas radical, controvertida y discutible de Godard), si no me equivoco prácticamente imposible de encontrar, al menos de forma tan completa, en ningún otro lugar del globo; los dos cofres de Theo Angelopoulos, que uniéndose, si la memoria no me traiciona, a las anteriores ediciones de la obra del griego nos llevaría a estar frente a la edición de la filmografía completa del cineasta; por último, no podría olvidar el hermoso cofre dedicado a Pedro Costa, que incluye, lo imposible, dos cortometrajes de Jean-Marie Straub y Danièle Huillet (Il viandante y L´Arrotino, ambos de 2001, surgidos de su magnífico largometraje Sicilia!, 1999), como complemento al hermoso film del portugues sobre el escabullidizo matrimonio. Por el camino me estoy dejando títulos de Joao César Monteiro, Aleksandr Sokurov o Nobuhiro Suwa, sin olvidar, además esa obra maestra que por supuesto jamás llego hasta nuestras pantallas, que posiblemente es uno de los trabajos más importantes que se han filmado en los últimos diez años, y que responde al nombre de Los amantes habituales (Les amants réguliers, Philippe Garrel, 2005); lo que me lleva a pensar, no sin cierto desanimo que tendremos que esperar a una tan ansiada como hipotética edición en DVD para poder visionar La frontière de l´aube (2008), último largometraje del director francés que lamentablemente parece tener todo en contra para interesar mínimante a un distribuidor que lo traiga hasta nuestros circuitos comerciales.

No pretendo hacer un artículo excesivamente enumerativo y releyendo todo lo que he escrito me temo estar cayendo en ello. Tal vez debería intentar esbozar una teoría de que por que el DVD se ha convertido en la única (o casi) manera de visionar los trabajos de los autores mas arriesgados o comprometidos. Quizá debería no dejarme llevar por la emoción de hablar de los films y los autores que amo y centrarme, y una vez mas, como muchos otros, lamentarme de una distribución nacional fílmica tan nimia como incoherente, pero no tengo las respuestas y dudo que en realidad alguien las tenga… Supongo que la cuestión podría llevarse a un extremo simplista y plantearlo de la siguiente forma: «¿Por qué ocupar una sala de cine con una película rara, carne de festival o filmoteca, que siendo generosos aguantará una semana en cartel y que no dejará mas que perdidas en el local que la exhiba?» Podría seguir sobre esta cuestión divagando pero tal y como decía no quiero hacer un texto enumerativo, pero mucho menos un ensayo sobre las lagunas de España en todo lo referente al arte en general y al cine en particular, al menos no ahora, este no es ese artículo. Lo que es importante señalar,  que me hace ser optimista, y verdaderamente sentirme tan perplejo como asombrado, después de haber visitado en los últimos años Londres, París, Nueva York o Lisboa, es que paradójicamente en un país que ha tenido tantas carencias fílmicas como España es a día de hoy uno de los mas completos (por no decir el más completo) a la hora de encontrar films (y sigo con la palabra) ‘difíciles’ o (y sigo) ‘invisibles’. Soy incapaz ahora mismo de encontrar otro país (insisto, que yo conozca; fácilmente puedo estar en un error)  en el que en cualquier gran superficie puedan (¡¡¡juntos!!!) encontrarse trabajos de Glauber Rocha, Jean Rouch o Bela Tarr.

Sumándose a  Intermedio, sería injusto no destacar la labor de Cameo o Sherlock. Los primeros con su interesante colección Initial Series están editando sugestivos cofres con obras de Ken Loach, Carlos Reygadas o el que para mí hasta el momento es el mas iconoclasta, el de la prácticamente filmografía completa de Fernando Arrabal, desigual cineasta (además de poeta, dramaturgo…) español al que en breve se sumará el dedicado al sobrevalorado (pero pese a todo) interesante Jaime Rosales, que incluirá cinco cortometrajes.  Por su parte, Sherlock, suma a las ya lejanas ediciones de films de Godard un cofre sobre el que en principio iba a girar este texto, el Integral de Alexander Kluge. El cineasta alemán, autor entre otras de las brillantes Artistas en el circo: perplejos (Die artisten in der zirkuskuppel: ratlos, 1968) o Trabajos ocasionales de una esclava (Gelegenheitsarbeit einer sklavin, 1973), y uno de los nombres mas destacados del Nuevo Cine Alemán, jamás (si la memoria no me falla) había estrenado una película entre nosotros, hasta el punto de que siendo uno de los directores mas notables de su generación todavía a día de hoy no deja de ser virtualmente un desconocido al que fácilmente se despacha como un pseudo-Godard. No quisiera entrar a contar ahora anécdotas de mi vida (vaya, sólo faltaría) pero no me resisto a intentar trasmitir la sorpresa cuando sin haber leído nada sobre la aparición de este cofre lo encontré una mañana típica de cafetería en un centro comercial mas bien tirando a conservador y que sería el último lugar donde esperaría encontrar la obra completa de este autor.

Si ahora hacemos un curioso ejercicio puede ser tan divertido como frustrante, cojamos dos revistas de cine (no digamos nombres, ¿de acuerdo?), ambas nacionales y de importante tirada, una de ellas es la clásica revista oficialista mas conservadora y rancia (que en realidad poco tiene que ver con el cine y mucho con los anuncios de precisamente ese centro comercial del que os hablaba) y la otra, la edición española de un clásico de la crítica francesa (¿he dado demasiadas pistas?); por una parte, observando los estrenos vemos por supuesto que (afortunadamente) las películas a las que una y otra dan importancia no tienen absolutamente nada que ver; por otra, los artículos mas extensos suelen tratar sobre temas o artistas mas bien incompatibles (en una de ellas no es raro que escriban sobre Penélope Cruz como si fuera la gran actriz contemporánea y en la otra podemos leer sobre Philippe Garrel, Arnaud Desplechin o Nobuhiro Suwa), lo divertido (o como decía frustrante) es que una vez mas va a triunfar la visión mas oficialista, los estrenos mas convencionales se sucederán sin ningún problema, todo el mundo sabrá quien es Pe Cruz y que Quentin Tarantino piensa que completar su Inglorius bartards (2009) en unas 40 semanas es toda una hazaña (afirmación que no deja de parecerme cuanto menos tan vehemente como ingenua); así, los notables textos sobre gente invisible seguirán siendo invisibles, los films reseñados continuarán en la clandestinidad y desde esa derrota será de donde surgirá ese llamado foco de resistencia que responde al nombre de DVD que parece estar ya clamando (lamento estar poniéndome melodramático) por todo el mundo. Los fantasmas por fin son tangibles; en Francia se acaban de editar cofres con trabajos de Joris Ivens o Straub-Huillet, como se gritaba en las calles de París, «seamos realistas, pidamos lo imposible». Una vez más, se intenta clasificar al arte, controlarlo, decidir sobre su vida o no, se intenta oficializarlo y de nuevo desde la clandestinidad, el arte demuestra que realmente está vivo cuando es pisoteado, cuando está entre las sombras.  Por eso, ciertas opiniones oficiosas no dejan de parecerme tan risibles como ridículas. Hablemos ahora que estamos finalizando del primer foco de resistencia.  A través de diferentes medios se ha intentado demonizar y simplificar al máximo la búsqueda del arte en las sombras. Se han utilizado expresiones como Piratería muy efectistas, muy resultonas, y que en realidad (sin esa pérdida de perspectiva) no están parcialmente lejos de la realidad. Obviamente descargarse de la red un film que va a estrenarse en unos días o que acaba de ser editado en DVD es tan absurdo como ilegal. Por lo menos para mi en este punto no hay discusión. Ahora bien, durante años redes como el eMule han sido, y siguen siendo, la única manera de poder acceder a ciertos trabajos audiovisuales o musicales imposibles de encontrar de otra manera; en muchas ocasiones, los archivos localizados han sido de pésima calidad, en idiomas absolutamente desconocidos y en muchas ocasiones con metraje incompleto; pero insisto ha sido la única forma que el arte (o al menos cierto arte) ha encontrado para poder seguir viviendo, para poder seguir moviéndose. Es muy fácil hablar de la ilegalidad del eMule (seguimos en esta red, pues en definitiva es de los mas conocidos/utilizados), demonizarlo y simplificarlo; para mí es casi una suerte de impresionante biblioteca virtual única en el mundo y toda una puerta que pone al alcance del aficionado obras hasta fecha imposibles de encontrar. El DVD desde la legalidad que tanto necesitan ciertas voces poco a poco toma va tomando el relevo como foco de resistencia (por supuesto no soy tan ingenuo, el copiado de DVD va en aumento, las descargas son cada vez mas frecuentes frente a los precios, etc…) pero la cuestión es que poco a poco el DVD está cubriendo, corrigiendo, todos los (inmensos) huecos que la distribución convencional había dejado. Ahora, todo está en marcha, teniendo en cuenta la delicada situación que atravesamos (continuas noticias sobre la Crisis, nuevas enfermedades, mayor incomunicación) no sería de extrañar que así como de pronto empezó, acabase; hasta entonces, sólo nos queda seguir siendo unos ingenuos que por momentos parecen vivir al margen de todo y soñar y soñar…ahora todo es posible, podremos entonces comprar films de  Werner Schroeter, Marcel Hanoun o Roy Andersson con total normalidad como el que adquiere la última película de Brad Pitt? ¿Quién sabe?