El año que vivimos peligrosamente (Peter Weir, 1982. Suevia)

dvd1 Hay ocasiones en las que no importa demasiado el envoltorio, momentos que apatece no entrar al detalle en determinadas cuestiones, y dejarse llevar por eso que llamamos la magia del cine. Volver a casi cualesquiera de las películas (australianas o americanas) de Peter Weir es siempre un placer en el que la sorpresa es una gran aliada. Por eso que el dvd que tenemos en nuestras manos sólo nos ofrezca el film en sí es más que suficiente. ¡Qué fácil nos olvidamos de los años del video magnético cuando cualquier edición más o menos aparente nos parecía formidbale! El año que vivimos peligrosamente es un film de gran sensibilidad, en el que el realizador es, como suele ser habitual en él, expansivo en su mirada del entorno y personajes, proporcionando un delicado tono en el que el relato fluye con precisión. Una habilidad al alcance de muy pocos que es solo una parte del ingenio y personalidad de su autor. Un drama modélico, desarrollado durante el conflicto civil y militar que tuvo lugar a mediados de los 60 en Indonesia, en el que las pasiones se muestran abiertamente, sin imposturas ni retruécanos, cuya atmósfera, entre el sueño y el delirio, potencia la participación emocional. También aporta lo suyo Sigourney Weaver, un portento como actriz y como mujer.

J.D. Cáceres Tapia

Michael (id. Carl Th. Dreyer, 1924. Divisa)

dvd2 Si el mes pasado hablábamos de Phantom (1922) de F.W. Murnau, ahora es el turno de este magnífico Michael dirgido por otro cineasta esencial, Carl Theodor Dreyer. Ambas producciones de Erich Pommer con adaptaciones de Thea von Harbou. Resulta interesante constatar como se tratan de películas construidas desde visiones muy particulares y hacia escenarios muy concretos, que vienen a mostrar su filiación absoluta con la escritura cinematográfica por encima de otros aspectos no relacionados directamente con la imagen. Dreyer, al igual que Murnau y otros pioneros, dedicó buena parte de sus primeros trabajos a investigar sobre las innumerables posibilidades del lenguaje del cine, de la mano de las líneas maestras definidas por el americano David Wark Griffith y el sueco Victor Sjöström. Pero el director de la incomensurable Gertrud (1964) también fue un teórico y su trayectoria una búsqueda constante. Michael puede ser vista como (otro) experimento y como paso previo, que duda cabe, de logros superiores: la propia Gertrud con la que guarda varios puntos en común o El proceso de Juana de Arco (1927) que hereda el espectral y opaco uso del primer plano. Pero Michael es a la vez un film con entidad propia: vigoroso y exhultante, aunque se trate de una dolorosa (y audaz) reflexión sobre el amor y la soledad, contiene grandes aciertos: las excelentes interpretaciones, en especial la de Benjamin Christiansen; su naturalidad intelectual (con referencias pictóricas de gran intensidad: el cuadro de Zoret apunta directamente a Wiliam Blake), la precisión compositiva de los encuadres, la relacion interiores-exteriores (vid. Michael: Interiores por Ángel Santos en mdc nº 40).

.J.D.C.T.

Kung fu contra los siete vampiros de oro (Roy Ward Baker, 1974. Suevia)

dvd3 Kung-fu y vampiros, dos temas que debieran funcionar a la perfección juntos. Y Peter Cushing, una vez más, la última de hecho, en el papel del profesor Van Helsing. En esta ocasión, alentado por su hijo, decide viajar al pueblo de Ping Kuei para librar a este de la amenaza de los siete vampiros de oro, comandados por su eterno archienemigo (aunque esto, a pesar de sospecharlo, no lo sabrá hasta el final), el conde Dracula. La Hammer comenzaba a explorar las mixturas del terror con géneros a priori ajenos (hoy en día ya estamos curados de espantos) y coprodujeron con la hongkonesa Shaw Brothers esta peculiar cinta de aventuras westernianas y vampiros temerosos de Buda a la sombra del éxito de las pelis de Bruce Lee, bajo la dirección de Roy Ward Baker, que ya había realizado Dr. Jekyll and Sister Hyde y Scars of Dracula para la productora británica. Un guión escaso en ideas y unos personajes que dan menos juego del que prometen (a Van Helsing y su hijo se les unen unos hermanos chinos expertos en artes marciales y una occidental adinerada con afán de conocimiento vampírico entusiasmada con las doctrinas del profesor) no son el principal reclamo de un film que sin embargo se ve con agrado merced a unos logrados escenarios (pese a los murciélagos de plástico), una colorida fotografía que la eleva estéticamente y, como no, hostias como panes a la antigua usanza, esto es, con mucha onomatopeya y mucha coreografía de baratillo aderezadas con algún que otro empalamiento y un Peter Cushing ya mayor, pero al que da gusto ver en plan vampire killer, sobre todo en el enfrentamiento final con Dracula (ya que antes no mata a ninguno de los vampiros de oro, de los que se encargan los hermanos chinos), que aparece travestido en un monje cuyas formas abandonará para regocijo de los adoradores del mítico conde, a pesar de no ser Christopher Lee quien le interprete.

Sergio Vargas

La clase (Entre les murs, Laurent Cantet, 2008. Cameo)

dvd4 Ya estamos otra vez con los tiempos que corren. Pues sí, en estos tiempos que corren, que son muy jodidos para algunos temas, al menos en comparación con nuestra infancia y adolescencia, la educación y el ambiente que se respira en los institutos son uno de los greatest hits. Y es que las cosas han cambiado una barbaridad en los últimos años, y la evolución del profesorado para adaptarse a estas novedades no es algo que se pueda lograr de la noche a la mañana, ni algo sencillo tampoco, pero al menos algunos profesores lo intentan. La clase es una estupenda película que refleja este problema de frente, a ratos de forma cruda, y a ratos con optimismo, y es posible que pudiese ser todo bastante más crudo, o algo más optimista, pero esta clase, la de la película, es como es, y no deja de ser un reflejo de entre tantas y tantas clases repartidas por el mundo. Clases más o menos parecidas, más francesas o más españolas, o más alemanas, todas tendrán conflictos parejos a aquellos con los que tiene que lidiar el profesor Marin (François Bégaudeau) y todas tendrán alumnos parecidos a los que pueblan esos muros entre los que día a día él intenta enseñar y ellos aprenden a aprender. Y aunque es ficción, puede verse perfectamente como un documental, con la cámara metida la mayor parte del tiempo entre los muros. Otra vez aparece el título original tan bien puesto. Porque están emparedados allí como en una prisión en la que muchos no quieren estar pero en la que han de convivir, o aprender, otra vez, a convivir. A los padres españoles no les será difícil reconocer entre estos estereotipos de niños a sus propios hijos y a los compañeros de estos, igual que los profesores verán a sus alumnos, y se verán a sí mismos, y por supuesto los jóvenes tampoco tendrán dificultad para reconocerse en la pantalla. Todos ellos deberían ver esta película y comentarla juntos. Seguramente aprenderán cosas tan importantes como las que enseñan los libros de texto.

S.V.