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¡Que viva México!

«Tengo especial cariño hacia esta película —además de por su carácter maldito— porque está impregnado del amor de un cineasta. Eisenstein amaba México. Su pasión por esa tierra iba más allá del hecho de que allí se hubiera producido la primera revolución del siglo XX. El flechazo le había sobrevenido con un trabajo de diseño teatral sobre la adaptación de una historia de Jack London que había tenido que realizar tiempo atrás...»